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Porque aquí no compras “un accesorio suelto”, compras el ritual básico para que el matcha te salga fino, sin grumos y con buena espuma… y además para que el batidor no se te estropee a las pocas semanas.
En la foto se ve el pack con lo esencial: el chasen (batidor de bambú) protegido en su estuche, un porta-chasen de cerámica (la pieza blanca) y dos herramientas de bambú para servir y manipular el matcha con más precisión. En conjunto, esto te hace la vida fácil: preparas mejor, ensucias menos, y el material te aguanta muchísimo más.
Si es tu primera vez, no te compliques: pon el matcha en el cuenco, añade un poquito de agua (mejor caliente, pero no hirviendo) y bate con la muñeca en zigzag, como dibujando una “M” o una “W”. En 15–25 segundos ya notas cómo cambia: se vuelve más cremoso y aparece la espuma fina.
Un detalle que marca la diferencia: no “rasques” el fondo del cuenco con el chasen. Piensa que estás aireando el líquido, no frotando. Así los filamentos no se doblan ni se rompen.
Antes del primer uso
Remoja el chasen unos segundos en agua tibia. Esto “abre” los filamentos y los vuelve más flexibles para batir mejor desde el primer día.
Limpieza rápida después de cada matcha
Nada de jabón. Solo agua templada o fría, y si quieres, bate un poco de agua limpia dentro del cuenco y listo. Sacúdelo bien para quitar el exceso.
Secado y conservación (aquí está el truco)
Usa el porta-chasen: coloca el batidor encima para que mantenga su forma y se seque correctamente. Evitas moho y alargas muchísimo su vida útil.
Extra: el bambú agradece el mimo
Guárdalo en un sitio ventilado, lejos de humedad constante. Si lo cuidas así, te dura una barbaridad.
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